domingo, octubre 02, 2011

Bohumil Hrabal y el espíritu del siglo XX


Hace diez años que Bohumil Hrabal (1914-1997) sorprendió a decenas de miles de lectores en toda Europa con su insondable muerte: ¿se cayó casualmente por la ventana mientras daba de comer a los pájaros, como lo quisieron las primeras noticias sobre el asunto, o se suicidó? Hoy ya sabemos que, con toda probabilidad, Hrabal abandonó la vida por voluntad propia. Ahora, diez años más tarde, Hrabal sigue siendo un escritor de culto; ninguno de sus lectores puede resistirse a la magia de su narración en primera persona y al atractivo de sus personajes inauditos, estrafalarios, originales, esos quijotes de la cotidianidad, provenientes de las fábricas y las cervecerías.

Para Hrabal, la gran literatura universal tiene la tendencia a acercarse al "vertedero de la época": el protagonista, cuanto más baja en la escala social, más gana en carga eléctrica. Según el autor checo, en una época en la que el cielo se había derrumbado y la humanidad sólo dependía de sí misma, el arte y la literatura habían bajado al nivel de la gente corriente y de los marginados. Y por ello, la Praga golpeada por la ocupación nazi y por la Segunda Guerra Mundial, y sometida al comunismo, era el escenario ideal.

Hrabal, que vivió el siglo XX de lleno y se apoderó de su estética y de sus grandes contradicciones, deambulaba por la Praga de los cincuenta y sesenta, y le parecía que todo lo que veía existía para iluminarle: cada peatón derrotado era para él una piedra preciosa, cada persiana rota, cada montón de chatarra y los trastos viejos que flotaban mansos sobre el Moldava eran para él el más bello assemblage. Caminaba por Praga y devoraba con la vista las decenas de torres con su pintura desconchada y los centenares de casas cubiertas de oxidados andamios de pies a cabeza... En sus estrechas callejuelas se daba cuenta de por qué la miseria urbana había inspirado a Rimbaud y a Baudelaire, de por qué Lautréamont había inventado la metáfora de lo que para él representaba la belleza: el encuentro insólito de una máquina de coser con un paraguas sobre la mesa de operaciones. Erraba por Praga y le deslumbraban todos esos assemblages y collages y montajes, que habían creado en las calles de la capital checa por error y por dejadez y que podrían considerarse un azar objetivo, capaz de evocar un poema simultáneo, e hizo suya esa estética, tan propia de la segunda mitad del siglo XX, en una apuesta muy cercana a la que, en el ámbito de la pintura, haría en España Antoni Tàpies, a quien Hrabal admiraba.

Se fijaba en los multifacéticos aspectos de aquel desorden no sin estilo para intentar darle forma, al llegar a su casa, a través de la corriente horizontal del hablar vivo, en fragmentos que expresaban el trueno de la calle y el ruido de las muchas soledades que aprendía en los monólogos escuchados cotidianamente en las cervecerías de Praga. Así nacieron los embriones de sus grandes novelas, como Yo que he servido al rey de Inglaterra, Una soledad demasiado ruidosa o Bodas en casa.

Aunque con la publicación de cada libro adelgazaba varios kilos, porque cada vez le asaltaba la mala conciencia de haber insultado o indignado a alguien, Hrabal sabía que tenía que escribir sobre la gente que no hablaba como las llamadas personas correctas, que debía emplear el argot y los vulgarismos y transgredir las convenciones y los tabúes: sabía que debía provocar y luego beber hasta la última gota el cáliz del sufrimiento. Hrabal siempre intentaba robar el fuego, violar las prohibiciones y así crearse a sí mismo y a su obra; sólo así su firmamento podía quedar apaciguado.

Bohumil Hrabal, uno de los autores europeos del siglo XX más lúcido y brillante, en sus textos procuró dejar en segundo término el brillo del intelecto para intentar captar la vivencia y, a través de ella, igualarse al polvo en el que se iba a convertir. Su obra es el testimonio de ello.

Monika Zgustov EL PAIS 21/07/2007

martes, mayo 31, 2011

Lawrence Durrell Asaltar la literatura a puñetazos:


El 27 de febrero se cumplieron 99 años del nacimiento de Lawrence George Durrell, el escritor británico cuya famosa obra, el Cuarteto de Alejandría, le ganó un lugar privilegiado en la literatura universal. Cuando se habla de Durrell se piensa en un hijo de la pérfida Albión, pero en realidad fue un pálido paisano de Gandhi, nacido en la India de padre ingles y madre irlandesa, lo que lo coloca en un mismo costal demográfico -además de literario- con Eric Arthur Blair... mejor conocido como George Orwell. Pero sólo recientemente supe que Durrell nunca tuvo la ciudadanía británica y, un dato no confirmado, que siempre se resistió a ser considerado inglés.
En diversos análisis de esta cuarteta de novelas se ha señalado la viveza que logra Durrell en la descripción de la ciudad de Alejandría –lugar donde se desarrolla la trama- hasta convertirla en una protagonista más de la obra: un sitio escurridizo y misterioso que no se deja atrapar. La relación entre el narrador-escritor de la primera novela, Darley, con Justine, la protagonista, parece ser una analogía de la mirada occidental de aquél frente a los enigmas de la cultura árabe: “Lo que me hechizaba era la ilusión de que tal vez podría llegar a saber cómo era de verdad”, dice el narrador de su amante. Y al igual que Justine, parece que la ciudad se resiste a ser descifrada por los ojos extranjeros de Darley, visto que muchas de sus percepciones quedan exhibidas como simples, incompletas o ajenas si se confrontan con la capacidad natural de Clea o Balthazar para escudriñar su esencia misteriosa. Esta naturaleza huidiza proviene en parte de su complejidad, semejante a la de Justine, descrita por Darley como “una hija auténtica de Alejandría, es decir, ni griega, ni siria, ni egipcia, sino un híbrido, una ensambladura”.

Las relecturas de este libro maravilloso son siempre aleccionadoras y sorprendentes. Cuánta razón asiste a los críticos cuando aseguran que Durrell ofreció a sus lectores cinco libros: cada una de las novelas, que pueden no depender una de otra, y las cuatro que, en conjunto, son una obra aparte. La primera lectura me impactó con el trabajo formal del género, la meticulosidad con que se desarrollan las cuatro historias y los abundantes recursos que puso de manifiesto Durrell para hacer cuatro libros diferentes a partir del mismo argumento. En la novela autobiográfica El libro negro, publicada en 1938, el escritor describe nítidamente el secreto de su oficio: “Un ataque, con los puños desnudos, a la literatura”.

En una segunda lectura, después de haber dejado reposar los libros unos diez años, mi interés se centró en los personajes y cómo en cada libro se agregan pinceladas que no modifican el retrato original sino sólo lo hacen más complejo. Personajes como Melissa, la prostituta griega enamorada de Darley y quien mejor describe la relación amorosa del escritor con Justine. Clea, enigmática y sabia. Balthazar, más enterado que un narrador omnipresente. Nessim, poderoso y débil al mismo tiempo. Incluso personajes secundarios como el barbero Mnemjian, el sirviente Hamid, Pombal, Leila, Scobie, Naruz y Capodistria tienen un encanto irresistible.

Balthazar es mi novela preferida de las cuatro, por la enorme riqueza del lenguaje con que Durrel dotó a su personaje. Ésta es quizá una afirmación osada, pero siempre me pareció que Balthazar, el personaje que da nombre a la segunda novela, más que médico -tal es su oficio en la historia- se asemeja a los druidas galos, poseedor de una sabiduría casi mágica que le permite ser condescendiente con los actos más siniestros o más sublimes de los humanos y dueño también de una serenidad que trasciende las emociones que insuflan vida a los personajes con los que convive y que forman parte irremplazable de su propia vida. Emociones que él explica puntualmente: “La etiología del amor y la locura son idénticas, sólo es cuestión de grado”. A fin de cuentas parece flotar siempre sobre los personajes la ambición febril por explicar intelectual o emotivamente el amor.

Espero poder robarle tiempo al tiempo para concluir una pausada tercera lectura del Cuarteto, en tributo humilde al ya cercano centenario del nacimiento de este excepcional escritor. En esto de las relecturas soy epígono de Henry Miller, contemporáneo y amigo de Durrell, quien predicaba a los cuatro vientos que cada lectura es historia del lector y no del escritor, quien ya hizo su parte y no espera ser juzgado. Miller lo dice así: “Es tu historia, querido lector (...) y si careces del sentido necesario para percibirla, tanto peor para ti. Pues todos nosotros hemos nacido de la misma madre, hemos bebido la misma leche áspera, y hemos de volver al mismo seno celestial, más prudentes quizá pero no más tristes, y ciertamente, no peores por la experiencia. Cualquier pasaporte que hayamos utilizado aquí abajo será sin la menor duda marcado con la palabra inválido”.

Por Miguel Ángel Sánchez de Armas, lunes, 04 de abril de 2011

lunes, abril 18, 2011

JORGE AMADO



Es un hombre sencillo, amable, cordial. Igualmente, vertical en sus juicios y en su manera de actuar. Dice que no le gusta ser liviano, hablar en forma ligera.
Jorge Amado fue presidente del jurado en el VIII Festival de Cine de La Habana. Allá lo capturamos, por espacio de media hora, para tratar de saber qué piensa sobre su quehacer, sobre el continente que habitamos, sobre el hombre, la vida y la política. Amado es, sin lugar a dudas, uno de los más grandes escritores vivos del mundo, autor, entre otros libros, de Doña Flor y sus dos maridos, Tienda de los milagros, El niño grapiúna y Emboscada grande.

A diferencia de otros que alcanzan fama, Jorge Amado conserva la sencillez y no pierde aquello que él mismo considera clave para su trabajo: el contacto directo con la gente, con el pueblo.

Pocas entrevistas dio Amado en Cuba, porque estaba metido de lleno en el cine. Una de ellas, a un equipo de televisión, fue cancelada. Amado lo había citado a las siete de la mañana pero llegó a las siete y media. Cordialmente, pero con energía, les dijo: "Si yo puedo estar de pie a las siete de la mañana, con setenta y cuatro años de edad, no entiendo por qué ustedes no".

Temprano en la mañana, el día que salía de la isla, luego del desayuno, fue a hablar con los meseros del hotel. Les dio las gracias por la forma como lo habían atendido y dialogó con ellos por espacio de varios minutos.

Al despedirnos en el aeropuerto le envió un mensaje a Pacho Bottía, director del largometraje colombiano La boda del acordeonista, ganador del premio a la ópera prima en el festival: "Dile a Bottía que él va a hacer cosas muy buenas". Partió luego junto con el ser al que más ama en el mundo, su esposa, la escritora Zelia Gattai. Partió Amado, quien fue la figura central del festival, después de prometer que vendrá a Colombia en el segundo semestre de este año, cuando termine el libro que prepara, atendiendo una invitación - pago de derechos de autor que le hizo el Goce Pagano de Bogotá (1).

LAZOS E IDENTIDAD

- Maestro Jorge Amado: decía usted que no existen un cine o una literatura latinoamericanos. Entonces, ¿Latinoamérica es una ficción o un invento?
Latinoamérica es un espacio geográfico que abarca México, la América Central y la América del Sur. Es una designación. Pero la designación en sí misma, para ciertos países como Cuba y Brasil, sobre todo, me parece falsa. Se debería decir Afrolatinoamérica, porque tenemos un componente africano que desconoces cuando dices Latinoamérica. Yo no soy latino, soy medio latino. Mi abuela materna era india. Un bisabuelo era negro. ¿Comprende? ¿Cómo que yo soy latino? Soy latino y soy indígena y soy negro. Sobre todo culturalmente, soy más negro que cualquier otra cosa. Más negro que latino.

-¿No cree que existen lazos comunes, lazos culturales, para que se configure esa identidad?

Comunes, la miseria. Culturales, pocos. Con la América hispana no son tan grandes los lazos culturales. Cuba y Brasil, por la composición racial, de sangre, tienen lazos más fuertes. Hay lazos con la América hispana: la cultura ibérica nos une. La cosa indígena, menos. Mire usted: en México hubo grandes civilizaciones indígenas, como los mayas, los aztecas; en el Perú, los incas. Nosotros tenemos otras naciones indígenas, una cantidad enorme. Pero la cultura, si la compara con la cultura inca, con la cultura maya, con la cultura azteca, era muy pequeña. Culturalmente nos unen un poco la sangre indígena, la sangre española, la sangre ibérica. Nosotros tenemos inmigración española, como también italiana. Más italiana que española. Como tenemos inmigración alemana, húngara, japonesa. Tenemos lazos culturales con la América hispana, pero más grandes son los lazos culturales entre ustedes.

Bolívar es un héroe de varias naciones de la América española, pero nosotros no tenemos nada que ver con Bolívar. Cuando se habla de las ideas de Bolívar en el sentido un poco, cómo se dice, traído de los cabellos, se quiere forzar esa identidad latinoamericana. Se dice: las ideas de Bolívar. En el Brasil no. Yo creo que Bolívar es de gran importancia, pero las ideas que han tenido una influencia grande en Brasil, en las luchas por la independencia de Brasil, en las luchas después contra la esclavitud y por la república, han sido las ideas de los enciclopedistas franceses y las ideas de la Revolución Francesa. Esa es la realidad.

Hay una connotación política, mala y buena, como usted dice, de América Latina. Mala porque, en mi opinión, cuando los españoles hablan de la literatura de América Latina le dan una connotación colonialista. Cuando los cubanos dicen América Latina hay otra connotación, en el sentido de la lucha común. ¿Por qué colonialista la connotación española? Porque culturalmente España continúa queriendo colonizar las naciones de la América española. Esa es mi opinión... La Real Academia de España, la España en general.

-¿Por eso entonces España quiere celebrar los 500 años del descubrimiento de América?

Yo no sé. Usted me pone ante un hecho concreto, del cual yo no tenía ninguna noticia. Recordar el descubrimiento es justo. Pero también se puede dar a esta celebración el contenido que se quiera.

- Darle nosotros mismos un sentido crítico...
Ustedes pueden darle un sentido crítico. Ellos pueden darle un sentido colonialista. Celebrarlo es justo. Es un acontecimiento de gran importancia en la historia del mundo.

- Conmemorar, más que celebrar, de golpe.
Humm.

-¿Considera usted, como se ve en su obra, que meterse en lo popular, en las raíces de nuestros pueblos, es lo fundamental para el trabajo creativo?

Creo que todo escritor tiene el derecho de crear su obra como mejor le parezca, sin que nadie, ni ningún organismo o gobierno, tenga el derecho de meterse con su creación. Debe ella ser completamente libre. Él debe hacer lo que quiere. Ahora, yo creo que si él es un escritor de su pueblo y de su tiempo, que trabaja en función de la lucha de su pueblo contra la miseria, contra la opresión, contra las dictaduras, contra todo lo que es feo, es sucio en nuestros países, que es lo que hay demasiado, su literatura será todavía más noble y cumplirá mejor su destino. Esto es lo que pienso en relación con mi literatura. Creo que el escritor solo, el individuo, el escritor mismo, es el que decide esto. Yo no puedo decirle cómo debe realizar su obra. Eso es asunto suyo. Ni yo ni ninguna otra persona, ni un organismo, ni un poder. El creador, el escritor, el pintor, debe ser libre para realizar su obra como le parezca. Yo realizo la mía exactamente dentro de esto que tú has dicho.

-¿Lo autobiográfico, sus vivencias personales, han sido fundamentales para su trabajo?

Yo no diría lo autobiográfico. Yo he escrito un libro de recuerdos, El niño grapiúna, del que ustedes han hecho una linda edición (2), hecho que me conmovió. Pero no creo que lo autobiográfico sea fundamental en mi trabajo. Le digo otra cosa. Yo, yo personalmente, nunca generalizo mi experiencia de escritor porque el trabajo del escritor es un trabajo de creación y arte, pero una creación artesanal en la manera como es hecha; entonces cada uno es diferente. Sé escribir solamente sobre las cosas que he vivido. No en el sentido de una autobiografía, de representarme en los libros o de representar mi propia vida. No, no; sé escribir sobre las cosas que viví, que conozco desde adentro y no desde afuera. No por oír decir, no por haber leído, no por haber estudiado en tratados. No. Si usted quiere un ejemplo hablemos de la santería y del candomblé. Me llevó a ese conocimiento que tengo, a esa actividad con el pueblo de los candomblés, la necesidad que tenía de conocerlo íntimamente, si yo quería crear sobre la gente del pueblo brasileño, del pueblo de Bahía. Y me llevó allí también la identidad de nuestra lucha, de ellos y mía, contra el racismo y contra uno de los detalles más terribles del racismo que ha sido la lucha contra las religiones de origen africano.

- ¿Machado de Assis (Joaquim María) ha influido en su obra?

No. Machado de Assis es un gran novelista brasileño, enorme, uno de los más grandes. Precisamente cuando fui elegido a la Academia Brasileña (de la Lengua), hace 25 años, mi discurso trató este tema. La novelística brasileña tiene dos grandes líneas: una línea digamos más intimista y una línea volcada hacia el pueblo. Machado es el gran novelista de Río que retrató la ciudad de su tiempo. Él fue el jefe, el comandante, el dirigente de una de estas corrientes. El otro sería Alencar (José Martiniano de), autor de El guaraní, Iracema, El indianista (El sertanejo). Machado escribió en una lengua portuguesa de Portugal. Trabajó mucho con las palabras brasileñas de la lengua, pero en la construcción de la lengua es un escritor absolutamente puro de lengua portuguesa. En tanto que Alencar es el hombre que incorpora la lengua hablada por el pueblo a nuestra literatura. Yo soy descendiente de Alencar, éste sí me influenció.

- ¿De qué trata la novela que prepara?

Trata de los jóvenes. Quiero hacer el perfil de un joven brasileño durante los años más duros de la dictadura, los años 68 a 70.

- El exilio, ¿cómo influyó en su trabajo?

No influyó mucho. Mi país yo lo porto dentro de mí. Donde yo esté. Nosotros (los brasileños) no somos escritores de exilio. Miguel Ángel Asturias, querido amigo mío, hablaba mucho de los escritores del exilio. Cortázar... tantos escritores de exilio de la América española que han vivido en Francia, en toda Europa, y que allí han escrito lo mejor, lo más importante de su obra. Nosotros los brasileños, en general, nos quedamos en el Brasil. Cuando nos exiliamos siempre teníamos el deseo de volver. Yo escribí en el exilio, en Argentina y Uruguay, dos años, pero salí para escribir el libro sobre Prestes (El caballero de la esperanza) ya que en Brasil no podía tener los materiales necesarios. Era una tarea. Y ahí escribí una novela, Tierras del sin fin, que ya estaba en mi cabeza. En el exilio de cinco años en Europa yo no escribí.

- ¿La democracia, el socialismo o qué como alternativa al militarismo en América Latina?

Yo hablo de mi país, yo no sé de los otros. Sería liviano hablar de los otros. No me gusta hablar fácilmente sobre todas las cosas del mundo, hablar ligeramente, sin conocimiento. En mi país en este momento yo creo que el camino es la democracia, que nos posibilite el debate, el diálogo, la discusión; poner las cosas para que se marche al socialismo. Creo que el socialismo es el destino de nuestros pueblos y de todas las naciones. Esto no depende de usted, de mí, de Fidel, de Sarney en el Brasil, de Pinochet, de Gorbachov o de Reagan. La humanidad marcha fatalmente hacia el socialismo, porque la humanidad viene haciendo su decurso político, su marcha hacia adelante. Viene del esclavismo y estamos en formas nuevas de capitalismo, nuevas formas que ya superaron ciertas teorías en que nos basamos nosotros. Fatalmente llegaremos al socialismo.

- Fatalmente... ¿Lo dice en forma negativa?

No. Lo digo como positivo. El socialismo es nuestro destino.

- ¿Diversos tipos de socialismo, dependiendo de cada país, de cada época?

Espero. Yo deseo mucho socialismo democrático. Deseo el comunismo un día, pero para llegar al comunismo es necesario que el hombre se eduque antes. Yo estoy por el socialismo democrático, donde la necesidad de atender al colectivo no haga que se reduzca, se limite, se oprima al individuo.

- Para terminar, a los 74 años de vida, ¿usted se siente joven, se siente viejo o...?

Yo me siento con 74 años. Cuando un hombre de esta edad dice que se siente joven es un mentiroso. La juventud uno la tiene cuando es joven, cuando tiene su edad, y es una cosa maravillosa, es una cosa que no se tendrá más. Después se tiene otra forma de vida, se tiene una experiencia que se ha ganado en el curso de tu vida. Si la supiste vivir tiene una experiencia positiva. Si uno no la supo vivir tiene una experiencia negativa, es un desgraciado. Yo no soy un desgraciado. Por el contrario, soy un hombre muy feliz. La vida me ha dado más de lo que yo deseé, de lo que yo le pedí a la vida, más de lo que yo merecí. Una mujer que me comprende, maravillosa. Tengo hijos que son como yo desearía que fuesen. Continúo fiel a mi pueblo. Tengo el amor de mi pueblo, que es mi gran premio. La gente gusta de mí, de mis libros. No soy ninguna otra cosa que un escritor, no tengo ningún otro poder que el poder que me han dado mis libros, la obra que realicé, que me da el derecho hoy de hablar libremente, de decir lo que yo pienso en cualquier situación.

Entonces, ya no me siento joven. Ya no tengo hoy la fuerza que tenía antes. La fuerza física, sobre todo. No puedo cargar con mis valijas cuando viajo, necesito la ayuda de gente. Me fatigo fácilmente. Cuando un viejo dice que él es joven no solamente miente; si él desea vivir como un joven es un tonto, un idiota. Él debe vivir su edad como ya es, su plenitud.

Notas
1. Finalmente no pudo realizar dicho viaje.
2. Traducción de Gustavo Bustamante, publicada en edición no comercial por los Papeles del Goce, Bogotá, diciembre de 1984.

LITERATURAS NACIONALES

"Creo que no existe una literatura latinoamericana. Existen varias literaturas nacionales de los países de la América Latina. Lo que nos une a nosotros los pueblos de la América Latina es sobre todo lo negativo: la opresión, las dictaduras militares. Nos venden los valores que son de un pequeño grupo de gente y la pobreza. La humillación, que es de la gran mayoría de los pueblos. Esto es lo que nos une. ¿Y qué nos da a nosotros los escritores y cineastas? Sobre todo, esto es muy fácil de verse en la literatura. Nos da una responsabilidad delante de nuestros pueblos. Yo diría que el hilo de unidad que nos liga a la gran mayoría de los escritores de los países de América Latina es nuestra posición delante de esta situación en que viven nuestros pueblos. Una posición de solidaridad activa hacia nuestros pueblos. Pero, aparte de esto, en el sentido de la realización de la creación, nosotros somos tan diferentes. Y tenemos que serlo. Nuestras literaturas tienen que ser nacionales. ¡Literaturas nacionales! Si usted sale de esto, usted se pierde. Yo soy un escritor brasileño. Escribo con base en el conocimiento de la realidad de mi país. De las emociones, del sentimiento de mi pueblo. Que es un determinado pueblo, resultante de una determinada experiencia histórica. Yo soy particularmente un gran admirador de la literatura de Argentina, ahí viví exiliado dos años. Conozco esa literatura, no tan bien como la debería conocer. Pero la conozco. Y no está más cercana de la nuestra, como realización, que la literatura francesa. ¿Entiende lo que yo quiero decir? Nosotros realizamos en cada patria nuestra de Latinoamérica una cultura original. Cuando hablan, sobre todo los ibéricos, de una literatura latinoamericana, para empezar, ellos están hablando de una literatura de los países de habla española. De entrada queda por fuera de esto la literatura brasileña. Perdóneme usted que le diga que es una literatura muy importante, no por mí sino por los otros escritores. Y deja aparte una literatura igualmente muy importante, porque no es escrita en español, es escrita en francés, la literatura de Haití. Entonces no me gusta. Yo creo que cuando la gente de la península ibérica dice: literatura latinoamericana, cine latinoamericano, está ejerciendo una presión colonialista. Esa es mi opinión".
-Jorge Amado

En homenaje al maestro Jorge Amado, que murió el 6 de agosto [de 2001] en Salvador de Bahía, presentamos esta entrevista realizada en La Habana y publicada en el Magazín Dominical de El Espectador,
Nº 199, del 18 de enero de 1987.
Entrevista de Guillermo González Uribe