domingo, junio 13, 2010

Coetzee, incómodo ante los reflectores



Su expresión austera, los rasgos antiguos de su rostro, la mirada intensa, serían muy adecuados para ser enmarcados con los enormes y rígidos cuellos plisados de los retratos flamencos. Pero no hay dudas de que John M. Coetzee, considerado por los críticos el máximo escritor sudafricano, nacido en Ciudad del Cabo y ahora ciudadano de Adelaida, Australia, podría salir también de un cuadro de Rembrandt.

De la solemnidad atribuida a los destinatarios del Premio Nobel de Literatura, galardón que le fue otorgado el año último por la Academia Sueca, posee no sólo la gran autoridad literaria, sino también un aura de aristocrática intransigencia.

Sobre sus implacables silencios se han creado leyendas fantásticas. Su coraza de lejanía y reserva vuelve casi impenetrable ante los desconocidos a este hombre de 64 años, dos matrimonios, una hija y gran cantidad de premios.

Para lograr algún detalle personal -por ejemplo, para poder saber que es deportista, cuidadoso de su salud, que se levanta al alba, que hace mucha gimnasia- se necesita ser alguien que lo frecuente desde hace muchos años.

Sus lectores, luego de haber apreciado "La vida de los animales" (2000) pueden intuir que, además, es un encarnizado vegetariano.

Curioso destino

Justamente cuando se le ha concedido el papel de insigne símbolo de la cultura sudafricana ha abandonado el país y ha elegido vivir en otro continente. Para muchos, su libro más significativo es "Desgracia" (2000) para otros "Esperando a los bárbaros" (1996) o bien su último trabajo, "Elizabeth Costello", publicado hace pocos meses en Italia.

En estos días Coetzee es huésped de honor en el Festival de Literatura de Mantua, donde hoy, en el enorme patio del palacio Ducal, leerá un tramo de "As a woman grows older" (aún no traducido al español) en el acto de clausura .

Algunos pueden tener la impresión de que es un personaje huraño, rígido. Otros, de que su distancia puede ser un ejemplo saludable. Pero no es cierto que viva encerrado en un mundo inalcanzable. Además, los escritores no deben forzosamente ser cordiales ni hablar sobre todos los temas.

El día anterior a su aparición en Mantua, Coetzee logró asombrar con una especie de queja que explotó apenas se aludió a su capacidad para huir de los contactos con el mundo externo.

Cuestión de imagen

"¡Cuántas inexactitudes que se divulgan! Cuando consulto mi agenda, veo que entre el año 2000 y hoy participé de 49 encuentros públicos en ocho países de cuatro continentes. No sólo eso: he sido profesor en dos universidades y en conjunto he dado lecciones a centenares de alumnos. ¿Es ésta una vida de eremita? La imagen que se me ha endilgado es francamente muy irritante", relató el reconocido autor sudafricano en la entrevista.

-Sin embargo, su actitud esquiva lo habría llevado a no retirar uno de los dos prestigiosos Booker Prize que se le confirieron.

-Otro error. No es cierto que me negué a retirar el premio. La cosa fue distinta: fui invitado a Londres con un grupo de seis finalistas. La proclamación del ganador sería durante la ceremonia. Con mucha razón me negué a realizar un viaje de más de 10.000 kilómetros por una posibilidad entre seis de lograr el premio.

-Pero no se puede decir que se brinde demasiado en las entrevistas.

-El motivo se encuentra en las preguntas. Como profesor siempre he explicado a mis alumnos que es más creativo poner toda la energía intelectual en una pregunta que en la respuesta. Si la pregunta está formulada con precisión e inteligencia a menudo ya contiene en sí misma la respuesta. Nueve de cada diez periodistas reflexionan muy poco sobre sus preguntas; de una a otra entrevista reciclan siempre el mismo viejo menú. ¿Qué valor tiene la literatura? ¿Qué está escribiendo?...

-En sus últimos libros la protagonista Elizabeth Costello es su alter ego. ¿Por qué la elección de utilizar como filtro a un personaje femenino?

-Elizabeth Costello no es mi alter ego. Ni tampoco mi filtro ni mi máscara. Simplemente es ella misma, una escritora profesional, una australiana, una mujer que no es joven. No puedo aceptar que los hombres no logren dar voz a las mujeres y las mujeres a los hombres. Si esto sucediera, el panorama literario se empobrecería de modo irremediable.

-A pesar de su amor por Sudáfrica, que se percibe en todos sus libros; a pesar del fuerte lazo con su tierra y sus paisajes, usted emigró. ¿Qué representa esta partida: una especie de exilio?

-Se puede leer de dos maneras. La primera: yo dejé Sudáfrica. Segunda manera: me fui a Australia, país por el cual desde hace tiempo sentía una gran atracción. En mi vocabulario, "exilio" es una palabra con connotación de algo involuntario, mientras que yo, si lo deseo, soy libre de retornar a Sudáfrica. En lo íntimo no me siento para nada en el exilio.

-Tras el fin del apartheid, usted continuó escribiendo sobre el clima social áspero y a menudo violento de su país. Sin embargo, parece no tener deseos de hablar de política. Hay quien sostiene que definió a la política como un asunto de ética privada.

-Jamás he dicho semejante necedad.

- ¿Cuánto ha cambiado su vida desde el Premio Nobel?

-Mucho. Por un lado, me ha simplificado algunas situaciones prácticas. Por el otro, me ha puesto bajo los reflectores de un modo que me resulta verdaderamente desagradable.

-Si fuese miembro de la Academia sueca, ¿a quién le asignaría este año el premio?

-La pregunta no es realista. La Academia Sueca actúa siguiendo reglas no escritas que tienen en cuenta LA NACIONalidad, la lengua y también otros datos; reglas que no están expresadas.

-Laureado en matemática; años como programador de computadoras, ¿qué lo llevó a abandonar la ciencia por la literatura?

-Ya lo he dicho en mi libro "Juventud". En realidad, como matemático no tenía ningún talento.

Por Donata Righetti
Del Corriere della Sera

Traducción: María Elena Rey